El angioTAC coronario fue un elemento clave en la historia de mi anterior artículo sobre los chequeos cardiológicos. En ella contaba el periplo de un paciente a través de un sinfín de pruebas que acabaron rematándose con este TAC.
Esta prueba de imagen se centra en visualizar todo el árbol coronario, que como sabemos, es el conjunto de vasos sanguíneos que llevan oxígeno y nutrientes al músculo del corazón.
Las arterias coronarias pueden tener alteraciones congénitas en su recorrido, pero lo más habitual es que se dañen como producto de la arteriosclerosis.
La aparición de obstáculos en el recorrido de estas cañerías va a dificultar el flujo sanguíneo y producir síntomas. Y eso es lo que queremos identificar con el angioTAC coronario.
En otras partes del Blog hemos mencionado diversas pruebas que utilizamos en cardiología. Los defensores del angioTAC coronario me estaban escribiendo mails de protesta diarios para que hablase de él. Pues allá va

¿Qué es un angioTAC coronario?
El angioTAC coronario es una técnica de imagen que permite ver las arterias del corazón con gran detalle. Se realiza mediante un escáner de tomografía computarizada (TC) al que se añade contraste yodado intravenoso.
Ese contraste “pinta” las arterias y permite reconstruir imágenes tridimensionales de su anatomía. Para el paciente, la experiencia es sencilla: se coloca una vía en el brazo, se administra contraste, se pide que contenga la respiración unos segundos y el equipo obtiene las imágenes. La exploración dura apenas 10–15 minutos.
Para que se visualice bien todo el árbol coronario necesitamos que el corazón lata a una frecuencia cardíaca controlada, porque si no las fotos estarán movidas y no podrán analizarse bien.

¿Qué siente el paciente y qué riesgos tiene?
El contraste puede producir una sensación de calor pasajero o un sabor metálico en la boca. En raras ocasiones aparecen reacciones alérgicas, que suelen ser leves (picor, urticaria) y muy raramente graves. La prueba utiliza radiación.
Para que nos entendamos: la dosis equivale aproximadamente a 30–40 radiografías de tórax. No es inofensiva, aunque los equipos modernos reducen mucho la exposición. Por eso, aunque es una técnica segura, no debe usarse como si fuera una simple analítica.
La ecografía permite ver el corazón usando ultrasonidos. Por tanto, no emite radiación. Pero al contrario de lo que piensa la gente: en un ecocardiograma casi nunca vas a ver los stents ni el recorrido de las coronarias.
Puede que seamos capaces de ver la salida de las coronarias, pero es prácticamente imposible ver el resto del recorrido, y menos aún precisar si los stents están permeables o se han obstruido.

¿Qué pacientes no son candidatos?
No todos los perfiles se benefician de esta prueba:
- Pacientes de bajo riesgo y asintomáticos. Hacer un angio‑TAC coronario “por si acaso” no está indicado. Para asegurarse de que no hay nada, ninguna prueba predice el riesgo de tener eventos coronarios por encima de una escala de riesgo.
- Pacientes con stents coronarios previos. Los artefactos metálicos dificultan la interpretación. Si eres portador de prótesis metálicas o dispositivos también harán interferencias.
- Calcificación coronaria extensa. El exceso de calcio genera imágenes poco fiables. En personas más mayores donde ya sospechamos que habrá calcificaciones degenerativas el angioTC coronario te puede dejar con más dudas.
- Embarazo. La radiación lo convierte en una contraindicación absoluta. Al final el angioTC coronario es una prueba que usa radiación ionizante, eso significa un riesgo acumulativo, dosis-respuesta de daño celular.
- Insuficiencia renal grave. El contraste puede empeorar la función renal. En pacien tes en diálisis podemos hacerlo si se van a dializar después.
- Alergia grave al contraste no controlable. Aunque con premedicación se pueden superar muchas reacciones, hay casos en los que no es seguro.

Indicaciones frente a otras pruebas
Aquí surge la duda: ¿por qué elegir un angioTAC coronario y no una prueba de estrés?
- Pruebas funcionales (eco de estrés, gammagrafía, resonancia): dicen si una lesión limita el flujo de sangre. Si ya sabemos que el paciente tiene ateromatosis en otros territorios, o hemos visto calcificaciones en las coronarias, tendrá sentido ver si eso produce limitación al flujo coronario. No tendrá sentido usar angioTAC.
- AngioTAC coronario: muestra la anatomía, detecta placas y descarta enfermedad con gran seguridad. En un paciente con riesgo intermedio, el angioTAC coronario es excelente para descartar enfermedad. Si aparecen lesiones dudosas, entonces una prueba funcional ayuda a decidir si esas lesiones son realmente importantes.
- En resumen: fotografía vs esfuerzo. El angio TAC es la foto detallada; las pruebas de estrés son la prueba de esfuerzo que revela si la foto tiene consecuencias.
Contraindicaciones y precauciones
- Relativas: alergia al contraste (se puede premedicar), insuficiencia renal moderada, arritmias o frecuencia cardíaca alta.
- Absolutas: embarazo, insuficiencia renal terminal sin diálisis, reacciones previas graves al contraste no controlables. La clave es individualizar: valorar riesgos y beneficios en cada paciente.

Las diferentes guías internacionales no recomiendan el angioTAC coronario de forma indiscriminada, sino en casos muy concretos
- Dolor torácico estable con riesgo intermedio de enfermedad coronaria.
- Insuficiencia cardíaca de causa no aclarada con fracción de eyección deprimida.
- Pruebas previas inconclusas (ergometría, eco de estrés, etc.).
- Evaluación anatómica en cardiopatías congénitas o anomalías coronarias.
- Planificación de procedimientos estructurales (ej. TAVI, cirugía cardíaca).
En estos casos, el angioTAC coronario aporta información muy útil para la toma de decisiones y puede ser una excelente alternativa a la coronariografía diagnóstica. Es decir, en lugar de hacer cateterismo y angiografía de las coronarias podemos recurrir a esta prueba en muchas ocasiones.
El paciente de riesgo intermedio es aquel que no tiene una sospecha diagnóstica tan elevada de enfermedad coronaria significativa como para hacerle un cateterismo directamente.
Ni tampoco es ese paciente con un riesgo tan bajo que no precisa estudio adicional. Son pacientes que generalmente cuentan síntomas dudosos de enfermedad coronaria y tienen algunos factores de riesgo. Para ese cálculo se pueden aplicar escalas aunque un buen clínico lo hace de manera automática.

El problema de abusar de angioTAC coronario
En la práctica clínica vemos cada vez más pacientes que llegan con un angioTAC coronario hecho como screening, simplemente porque tenían antecedentes familiares de infarto.
El resultado puede incluir muchas veces hallazgos irrelevantes: placas mínimas, calcificaciones sin repercusión, estenosis poco significativas. El peligro es que esos hallazgos acaben en la sala de hemodinámica con un stent innecesario.
Eso es mala praxis: intervenir lesiones que no han demostrado ser responsables de síntomas ni de isquemia. El angioTAC coronario no debe convertirse en una “prueba de rutina” para todo el mundo.
Su valor está en escenarios concretos, no en el screening indiscriminado.
Escenarios donde brilla:
- Dolor torácico estable con riesgo intermedio (descartar enfermedad coronaria en paciente joven).
- Insuficiencia cardíaca de origen incierto (ver si el corazón está débil por lesiones en las coronarias).
- Sospecha de anomalías coronarias congénitas (cuando las sospechemos por pruebas de esfuerzo patológicas).
- Investigación de placas vulnerables (aún en desarrollo, pero prometedor).

Conclusiones
El angioTAC coronario es una herramienta potente y valiosa cuando se usa en el paciente adecuado.
- Permite descartar enfermedad coronaria con gran seguridad.
- Evita cateterismos innecesarios.
- Aporta información anatómica única.
- Pero no es inocua: usa radiación y contraste, y puede llevar a sobre‑diagnóstico si se pide sin criterio.
- La clave está en seguir las guías y reservarlo para los escenarios donde realmente cambia la conducta clínica.
En medicina, como en la vida, no todo lo que se puede hacer debe hacerse. El angioTAC coronario es excelente, pero solo cuando se pide con cabeza.