Lipoproteína(a) y tu riesgo cardiovascular

La lipoproteína(a) es un factor de riesgo fundamental para conocer tu riesgo cardiovascular. Durante años, en cardiología hemos hablado del colesterol LDL como el gran protagonista modificable de este riesgo. De hecho, aquí hemos publicado sobre el llamado “colesterol malo”.

Sin embargo, en los últimos años viene ganando peso en las nuevas guías, una nueva lipoproteína y ha irrumpido con bastante fuerza. La lipoproteína(a), también llamada Lp(a) es un marcador determinado genéticamente, silencioso y muy poco conocido por la población general.

Las lipoproteínas son partículas que circulan por la sangre transportando colesterol y ácidos grasos. Están formadas por una monocapa de fosfolípidos y proteínas que las hacen solubles en el torrente sanguíneo. Según su composición se distinguen varios tipos.

Pero tiene un impacto enorme en el riesgo de infarto, ictus, estenosis aórtica y enfermedad vascular periférica. Muchas personas me preguntan en consulta por este nuevo marcador, porque lo tienen ligeramente elevado.

En este artículo quiero explicarte, con claridad y sin dramatismos, qué es la Lp(a), por qué ahora está de moda y qué podemos hacer para manejarla.

Lipoproteína (a) con su estructura característica
Las lipoproteínas son partículas que circulan por la sangre transportando colesterol y ácidos grasos. Están formadas por una monocapa de fosfolípidos y proteínas que las hacen solubles

¿Qué es exactamente la lipoproteína(a)?

La Lp(a) es una partícula similar al LDL, pero con una proteína adicional llamada apolipoproteína(a). Esta estructura le confiere propiedades proaterogénicas, proinflamatorias y posiblemente protrómbicas, según múltiples estudios genéticos y epidemiológicos recientes.

Proaterogénica, porque tiene la capacidad de formar en los vasos sanguíneos arteriales las llamadas placas de ateroma, que obstruyen los vasos progresivamente. Pero que también pueden romperse provocando interrupciones del flujo sanguíneo.

Proinflamatoria, porque además al adherirse al vaso sanguíneo atrae moléculas inflamatorias que hacen que la sangre se vuelva más espesa en esa zona. La inflamación hace que las placas de ateroma se vuelvan inestables. Cuando es inestabilizan es más probable que se rompan y provoquen obstrucciones.

Protrombótica, porque favorece que las plaquetas se activen, se peguen entre sí y formen agregados. Estos agregados además atraen partículas de la coagulación que tienen la capacidad de formar trombos.

Lo más importante para entenderla:

  • Es casi 100% genética. No depende de la dieta ni del ejercicio y pocas intervenciones pueden modificarla, salvo algunos fármacos como veremos.
  • Se mide una vez en la vida, porque al ser determinada por genética y no modificarse ambientalmente no tiene sentido hacer mediciones seriadas.
  • No cambia con la edad, aunque en mujeres puede aumentar tras la menopausia. Como hemos dicho, es muy poco modificable.
  • Es muy variable entre personas, incluso dentro de la misma familia.
Características de la lipoproteína (a)
La lipoproteína (a) viene determinada genéticamente y es inmodificable por lo que basta de momento una determinación en la vida para saber su valor

En España, como en el resto de Europa, la distribución es muy desigual: la mayoría tiene niveles bajos, pero un 20–25% presenta valores elevados que aumentan su riesgo cardiovascular. Esto significa tener un valor por encima de 50 mg/dl que es el umbral considerado por la mayoría de los laboratorios. Aunque eso no quiere decir que desde valores más bajos no exista ya un riesgo.

¿Por qué ahora todo el mundo habla de la Lp(a)? Tres motivos clave:

1. Evidencia científica contundente

Estudios poblacionales gigantes, como UK Biobank y los estudios de Copenhague, han demostrado que niveles altos de Lp(a) aumentan el riesgo de:

  • Infarto de miocardio
  • Ictus isquémico
  • Estenosis aórtica
  • Enfermedad arterial periférica
  • Mortalidad cardiovascular

Además, análisis recientes del ACC han mostrado que la Lp(a) se asocia especialmente con placas vulnerables, aquellas más propensas a romperse y causar un infarto.

2. Se ha demostrado que es causal

Los estudios genéticos han confirmado que la Lp(a) no es un marcador, sino un factor causal. Estos estudios utilizan variantes genéticas del gen LPA que hacen que se produzca Lp(a) en mayor o menor cantidad. Niveles genéticamente elevados de Lp(a) causan un mayor riesgo de enfermedad coronaria, ictus isquémico, estenosis aórtica y aneurisma de aorta. Es la forma más clara de establecer una relación causa efecto.

3. Por primera vez, tenemos tratamientos específicos en camino

Hasta hace poco, no podíamos hacer nada para bajarla. Hoy, eso está cambiando. Todavía no están disponibles comercialmente pero estos tratamientos formarán parte del arsenal terapéutico pronto. De momento solamente los iPCSK-9 han demostrado reducir un 15% los niveles de Lp (a).

¿Qué patologías se asocian a tener la Lp(a) alta?

1. Aterosclerosis acelerada

La Lp(a) se infiltra en la pared arterial y se retiene más fácilmente que el LDL. Además, transporta fosfolípidos oxidados, que generan inflamación local y favorecen la progresión de la placa.

2. Placas más vulnerables

Un estudio presentado en ACC 2025 (subestudio del PROSPECT II) mostró que la Lp(a) no se asocia tanto con la cantidad total de placa, sino con la presencia de placas vulnerables, las que realmente causan eventos agudos. Estudios recientes de imagen coronaria avanzada han demostrado que la Lp(a) se asocia especialmente con placas vulnerables —aquellas con núcleo lipídico grande, inflamación y cubierta fibrosa fina— más que con la cantidad total de placa. Esta relación se explica por su contenido en fosfolípidos oxidados y su efecto proinflamatorio local

Se ha visto una asociación de la Lp(a) con la inestabilidad de las placas, más que con la cantidad de placa formada

3. Estenosis aórtica

La Lp(a) participa en la calcificación valvular. Hoy sabemos que es uno de los principales factores genéticos implicados en la estenosis aórtica degenerativa.

4. Enfermedad arterial periférica y eventos mayores de extremidades

La evidencia es muy sólida: niveles altos de Lp(a) aumentan el riesgo de:

  • Claudicación
  • Isquemia crítica
  • Revascularizaciones
  • Amputaciones

En personas con Lp(a) en el percentil ≥99, el riesgo de enfermedad arterial periférica puede triplicarse.

5. Aneurisma de aorta abdominal

La relación es menos conocida, pero cada vez más evidente: la Lp(a) también se asocia a mayor riesgo de aneurisma y su progresión.

¿Quién debería medirse la Lp(a) y qué significa tenerla elevada?

Las guías europeas recomiendan medirla al menos una vez en la vida. En mi práctica clínica, la solicito especialmente en:

  • Personas con antecedentes familiares de infarto precoz
  • Pacientes jóvenes con enfermedad coronaria
  • Personas con LDL “normal” pero eventos repetidos (riesgo residual)
  • Pacientes con estenosis aórtica sin causa clara
  • Deportistas con historia familiar de riesgo
  • Pacientes con enfermedad arterial periférica precoz
La debemos pedir al menos una vez a toda la población para estimar su riesgo cardiovascular

Es una prueba sencilla, accesible y que puede cambiar por completo la estrategia de prevención. ¿Y qué significa tener la Lp(a) alta? No es una sentencia. Es un factor de riesgo más, pero uno que nos obliga a ser más estrictos con el resto:

  • Reducir colesterol LDL según la reclasificación del riesgo
  • Control de tensión arterial, glucosa, resistencia a la insulina y peso
  • Evitar tabaco y otros tóxicos
  • Actividad física regular aeróbica y de fuerza
  • Tratamiento farmacológico optimizado

La clave es entender que la Lp(a) no actúa sola: multiplica el riesgo cuando se combina con otros factores.

Tratamientos actuales: qué podemos hacer hoy

1. Estatinas: No bajan la Lp(a). Pero sí reducen el riesgo global y son fundamentales para estabilizar las placas de ateroma.

2. PCSK9 inhibidores: Reducen la Lp(a) entre un 14–35% y han demostrado beneficio cardiovascular, especialmente en personas con niveles altos.

3. Aféresis: Reduce la Lp(a) un 35–60%, pero es costosa y requiere sesiones semanales. Reservada para casos muy seleccionados.

4. Niacina: La baja un 20–30%, pero no ha demostrado reducir eventos en pacientes tratados con estatinas.

La mayoría de estos tratamientos son de tipo biológico, actúan inhibiendo la síntesis de ARN mensajero que sintetiza la proteína apo (a) por lo que son inyectables

Los últimos tratamientos que actúan directamente sobre la Lp(a) todavía no están comercializados a enero de 2026 pero seguramente a finales de este año o comienzos de 2027 la situación cambie. Son los siguientes:

1. Lepodisiran (siRNA): Ensayo fase 2 publicado en NEJM. Se trata de un ARN de interferencia, así que funciona impidiendo la síntesis hepática de la lipoproteína (a):

  • Reducción del 94% tras una sola dosis
  • Efecto mantenido durante un año
  • Excelente perfil de seguridad

2. Olpasiran (siRNA):Mismo mecanismo de acción que Lepo pero con tiempos de acción menores. Resultados clínicos similares, con reducciones del 80–90% y con estudios más avanzados.

3. Pelacarsen (ASO): Inhibe la síntesis como un oligonucleótido antisentido por lo que su mecanismo de acción es diferente. Consigue reducciones en torno al 80%. En fase 3, es el más avanzado de los tratamientos específicos con resultados esperados en 2026–2027.

4. Nuevos PCSK9 orales: Presentados en ACC 2025, con reducciones potentes de LDL y efectos modestos sobre Lp(a). El estudio PURSUIT evaluó el AZD0780, que tendría un efecto similar a los iPCSK9 con la ventaja de ser de administración oral (los disponibles hoy son inyectables).

Estamos ante un cambio de paradigma: por primera vez, podremos tratar de forma específica un factor de riesgo genético que antes solo podíamos observar.

Inflamación y Lp(a): una relación que empieza a aclararse

Se plantea una cuestión muy interesante: ¿La inflamación modula el riesgo asociado a la Lp(a)?

Algunos estudios sugieren que niveles altos de hsCRP podrían potenciar el riesgo de la Lp(a), pero los datos son contradictorios. Lo que sí parece claro es que:

  • La Lp(a) no es un marcador inflamatorio, pero transporta fosfolípidos oxidados.
  • Los nuevos fármacos que bajan Lp(a) no reducen la inflamación.
  • Es posible que en el futuro seleccionemos pacientes para tratamiento según su perfil inflamatorio.

Un enfoque práctico que de momento podemos aplicar sería seguir el siguiente esquema:

  1. Explicar bien qué significa Sin alarmismos, ofreciendo estrategias realizables.
  2. Evaluar el riesgo global No tratamos números aislados de LDL colesterol o Lp(a), tratamos personas.
  3. Optimizar el LDL Cuanto más alta la Lp(a), más bajo debería ir el umbral de LDL, o eso parece.
  4. Buscar enfermedad subclínica La que todavía no ha dado síntomas pero puede mostrarnos como están ya las carreteras. Ecografía carotídea, score de calcio, ergometría, según el caso.
  5. Plan de seguimiento personalizado Especialmente en pacientes jóvenes con enfermedad cardiovascular o con antecedentes familiares.
  6. Preparar el terreno para los nuevos tratamientos Porque llegarán antes de lo que pensamos.
Tenemos que ofrecer en primer lugar asesoramiento sobre lo que significa este hallazgo y como podemos modular el riesgo

Conclusión: medir la Lp(a) es una inversión en prevención

La Lp(a) no es un concepto de laboratorio. Es un factor de riesgo real, frecuente y con impacto demostrado en múltiples enfermedades cardiovasculares. La buena noticia es que estamos entrando en una nueva era: por primera vez, podremos tratarla de forma específica.

Mientras tanto, medirla —al menos una vez en la vida— es una de las decisiones más sencillas y útiles que podemos tomar para anticiparnos al riesgo.

Aunque no dispongamos de tratamientos para reducir su concentración tenemos que enfocarnos en otras medidas no farmacológicas: potenciar hábitos y estilos de vida cardiosaludables, vigilar el resto de lipoproteínas, como el colesterol LDL, corregir otros factores de riesgo de manera intensiva, etc.

Deberíamos tener una determinación de lipoproteína (a) de todos los pacientes, aunque sea especialmente relevante en aquellos que han tenido eventos en edades precoces, o que se han presentado

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