Las vacunas para perder peso

Seguramente hayas leído o visto en las noticias sobre unos fármacos conocidos como las vacunas para perder peso. A veces, la medicina avanza gracias a descubrimientos que parecen sacados de una novela.


En los años noventa, un grupo de investigadores estudiaba a un animal extraño, lento y venenoso, que vivía en el desierto de Sonora: el monstruo de Gila.
En su saliva encontraron una molécula capaz de estimular la secreción de insulina y reducir el apetito.
Lo que nadie imaginaba entonces es que aquel hallazgo acabaría transformando el tratamiento de la diabetes, la obesidad… y, como hoy sabemos, el riesgo cardiovascular.

Tres décadas después, esa molécula ha evolucionado hasta convertirse en fármacos como semaglutida o tirzepatida, que algunos llaman coloquialmente “las vacunas para perder peso”.
No son vacunas porque, aunque se pinchen no generan inmunidad. No enseñan al cuerpo a defenderse de nada. Pero sí están cambiando la vida de millones de personas.

¿Entonces qué son?

En la saliva del monstruo de Gila empezaron las vacunas para perder peso
Este simpático reptil es el monstruo de Gila en cuya saliva se aisló una molécula que al estudiarse daría lugar a una revolucionaria generación de medicamentos

En este artículo te cuento qué son realmente, cómo funcionan, por qué están revolucionando la cardiología y qué diferencia a las más populares actualmente: semaglutida y tirzepatida.


Y, sobre todo, por qué la obesidad no es un fallo de disciplina, sino una enfermedad compleja, que se debe a muchos factores distintos. Por ello merece un abordaje moderno, empático y basado en evidencia.

No te pierdas el artículo.

¿Qué son los análogos GLP‑1? ¿Por qué los conocen como las vacunas para perder peso?

Los análogos GLP‑1 son fármacos que imitan la acción de una hormona intestinal llamada glucagon-like peptide‑1. Es decir, una molécula natural presente en nuestro organismo que se acopla a distintos receptores. Es como si hiciésemos copias de una llave para utilizarla varias veces en muchas cerraduras.


Esta hormona se libera tras las comidas y tiene varias funciones: aumenta la saciedad, reduce el apetito, mejora la secreción de insulina, disminuye la liberación de glucagón y ralentiza el vaciamiento gástrico.

En definitiva, además de controlar el apetito, evita picos de glucosa tras la comida y enlentece a nuestro tubo digestivo, logrando que perdamos peso.

A partir del intestino la GLP-1 actúa tanto a nivel del tubo digestivo como a distancia, teniendo receptores por distintos puntos del organismo

Pero su impacto va mucho más allá del metabolismo o de la pérdida de peso (ver artículo sobre efectos anti inflamatorios).
Como se ha demostrado en los estudios existentes sobre estos fármacos los análogos GLP‑1 también actúan sobre:

  • la inflamación sistémica, que es la respuesta que provoca trombosis en nuestras arterias o la aparición de distintas enfermedades, como lupus o artritis
  • la estabilidad de la placa de ateroma, evitando que se rompan provocando trombos en las arterias
  • la función endotelial, mejorando la circulación sanguínea y evitando la formación de placas de ateroma
  • la respuesta inmunitaria, evitando fenómenos de autoinmunidad
  • y la protección del miocardio frente a isquemia, haciendo el músculo más resistente.

Incluso algunos metabolitos del GLP‑1 que ni siquiera activan el receptor clásico ejercen efectos cardioprotectores.
Esto abre la puerta a una nueva comprensión de la enfermedad cardiovascular: no solo es un problema de arterias, sino de inflamación, metabolismo y tejido adiposo.

Una reflexión necesaria: la obesidad no es un fallo de disciplina

Antes de seguir, conviene detenerse en algo fundamental. Durante años, la medicina ha simplificado la obesidad con un eslogan tan fácil de recordar como inútil para el paciente:

“Menos plato y más zapato.”

Ese mensaje, repetido hasta la saciedad, no solo es reduccionista: culpabiliza al enfermo, lo bloquea y lo aleja del sistema sanitario. Y lo peor: no es cierto. La obesidad es una enfermedad multifactorial, donde intervienen:

  • genética, que puede hacernos más propensos a aumentar grasa corporal, menos interés por actividad física, apetencia por determinados alimentos, etc.
  • epigenética, que es como se expresan distintos genes en función del ambiente en el que crecemos
  • microbiota, esa población de millones de microorganismos que como vimos en un artículo previo intervienen en muchos procesos metabólicos e inmunológicos
  • inflamación crónica, que se desarrolla por otros procesos independientes de la obesidad
  • hormonas del apetito, que regulan la ingesta de alimentos
  • estrés, que puede provocar que nos inclinemos por alimentos más saciantes, más atractivos, hipercalóricos, con menor aporte nutricional
  • sueño, que cuando no tiene la calidad ni la duración correcta provoca también mayor riesgo de sobrepeso
  • fármacos, que pueden alterar la resistencia a la insulina como las estatinas o que alteran la distribución grasa como corticoides
  • entornos obesogénicos, como son las máquinas expendedoras de ultraprocesados, falta de espacios para actividad física o poca accesibilidad a productos frescos
  • y sí, también hábitos (el famoso plato y zapato).
Solucionar la obesidad con déficit calórico se queda corto porque están involucrados otra serie de factores, aunque estos dos hábitos sean muy potentes para la salud

Reducirlo todo a “come menos y muévete más” es como decirle a un paciente con insuficiencia cardíaca que “respire mejor”. No funciona, ni es justo, ni es buena medicina. Por eso los GLP‑1 han supuesto un cambio de paradigma: actúan sobre mecanismos biológicos que el paciente no puede controlar voluntariamente, como la saciedad, la inflamación o la resistencia a la insulina.

Si tienes curiosidad puedes leer más sobre la resistencia a la insulina en este artículo del Blog sobre el síndrome metabólico.

No sustituyen al estilo de vida. Lo hacen posible. Lo facilitan. Yo pongo el ejemplo de la bola de nieve. Que empiece a rodar es complicado, pero una vez inicia la marcha se va acelerando cada vez más. Estos medicamentos pueden suponer un empujón.

¿Dónde están indicados? Las vacunas para perder peso no solamente valen para adelgazar

Los agonistas GLP‑1 no son fármacos cosméticos. No se trata de mejorar tu aspecto físico para el verano o para la comunión. Son tratamientos cardio‑reno‑metabólicos con evidencia sólida en:

  • diabetes tipo 2, ya que bajan de forma significativa el % de hemoglobina glicosilada, o sea, reducen la glucosa en sangre
  • obesidad, con pérdidas de peso fundamentalmente a expensas de grasa corporal hasta del 22%
  • prevención cardiovascular, reduciendo eventos que pueden ser mortales como el infarto agudo de miocardio o el ictus
  • insuficiencia cardíaca, evitando hospitalizaciones y progresión de la enfermedad
  • enfermedad renal crónica, enlenteciendo la pérdida de filtrado de los riñones, por tanto retrasando décadas la entrada en programas de diálisis
  • reducción de mortalidad total, porque la obesidad no solamente aumenta el riesgo de enfermedad renal o cardíaca, sino también inflamatoria, tumoral, respiratoria, etc.
En quiénes se usan las vacunas para perder peso
Cualquier persona con sobrepeso se beneficiaría pero habría que priorizarlos en personas obesas con factores de riesgo cardiovascular, sobre todo con fracaso para perder peso con otras estrategias

Los estudios son contundentes:

  • Los GLP‑1 de acción larga reducen un 14% los eventos cardiovasculares mayores (MACE) que son los eventos que matan, incluyendo infartos e ictus no mortales.
  • Semaglutida reduce un 20% los eventos cardiovasculares en personas con obesidad sin diabetes (estudio SELECT).
  • Tirzepatida ha demostrado beneficio cardiovascular al compararse con Dulaglutida (resultados en estudio SURPASS‑CVOT), confirmando que su acción dual GLP‑1/GIP no solo adelgaza más: también protege más frente a episodios cardiovasculares.

Y lo más interesante: estos beneficios no se explican solo por la pérdida de peso. Hay efectos de los fármacos directamente sobre inflamación, placas ateroscleróticas, paredes vasculares y músculo cardíaco.

¿Por qué son tan populares? La crisis del Ozempic y el boom global

La popularidad de estos fármacos se debe a una combinación de factores:

  • Funcionan. Se puede perder peso rápidamente y la percepción es de lograrlo con poco esfuerzo.
  • Son seguros ya que la mayoría de los efectos secundarios son gastrointestinales y tolerables (náuseas, estreñimiento, molestias digestivas). Estarían contraindicados si hay antecedente de pancreatitis
  • Reducen peso de forma sostenida. Los estudios avalan este efecto hasta 72 semanas en el caso de tirzepatida, pero es individual. Habrá personas que pierdan muy rápido en las primeras semanas y otras en las que el efecto sea más lento y sostenido.
  • Mejoran la salud metabólica. Como se ha explicado reducimos la resistencia a la insulina pudiendo incluso “curar” la diabetes. También puede mejorar el control de colesterol, ácido úrico o la tensión arterial.
  • Reducen riesgo cardiovascular. El principal resultado buscado es que todos estos efectos reduzcan el riesgo de sufrir ictus o infartos. Además, han demostrado mejoría pronóstica en la insuficiencia cardíaca.
  • Y, sí, han sido utilizados por figuras públicas, lo que disparó la demanda. A parte de haberlos usado tu vecina.
La mayoría de las personas con sobrepeso vieron en estos medicamentos la fórmula milagrosa para adelgazar

El resultado fue una crisis global de desabastecimiento que llevó a titulares sensacionalistas sobre “vacunas para adelgazar” o “las vacunas para perder peso”. Lo que la gente entendió es que era una manera de perder peso efectiva, cómoda y rápida.


Pero la realidad es más interesante que el marketing: estamos ante una revolución terapéutica que nos da la posibilidad de atacar la epidemia de obesidad que se extiende por el planeta.

Semaglutida vs Tirzepatida: ¿en qué se diferencian?

En la tabla siguiente hablo de los dos fármacos comercializados para obesidad y sobrepeso independientemente de la presencia de diabetes. Hubo una primera generación de fármacos, pero necesitaban administración repetida porque eran menos estables y su potencia era menor.

Posteriormente se revolucionó con la segunda generación de análogos que eran de administración semanal y que además demostraron reducir eventos, no solamente control de glucemia y bajar peso. Fue la revolución de Ozempic y luego de su versión no inyectable, para uso por vía oral, el Rybelsus.

Por último, podemos hablar de una tercera generación, integrada por Tirzepatida, que tiene acción dual y es más potente.

Una tabla explica mejor que mil palabras las diferencias entre ambas:

CaracterísticaSemaglutida OZEMPICTirzepatida MOUNJARO
TipoAgonista GLP‑1Agonista dual GLP‑1/GIP
Pérdida de peso–9% a –15%–15% a –22%
Control glucémicoExcelenteEl mejor registrado en un fármaco no insulínico
Beneficio cardiovascularDemostrado (incluye SELECT)Demostrado (SURPASS‑CVOT)
Efecto sobre grasa visceralAltoMuy alto
ToleranciaBuenaSimilar, algo más de síntomas si se escala rápido
Evidencia a largo plazoAmpliaEn expansión, muy prometedora

Ambas son herramientas extraordinarias. Semaglutida tiene más años de evidencia. Tirzepatida es más potente en pérdida de peso y reducción de glucosa.


Las dos protegen el corazón, es decir, han demostrado efectos positivos en estudios realizados expresamente para ver su efecto a nivel cardiovascular y en insuficiencia cardíaca.

¿Cómo se utilizan? Desmontando mitos y aclarando dudas

En redes circulan muchos rumores sobre estos fármacos.
Vamos a aclararlos.

No producen adicción

A veces se escucha que “enganchan”, como si actuaran en los centros dopaminérgicos del cerebro. No es así. Los análogos GLP‑1 no generan dependencia ni activan circuitos de recompensa. Lo que hacen es regular la saciedad y el apetito, algo que en personas con obesidad suele estar alterado por mecanismos biológicos, no por falta de voluntad.

No “estropean” el metabolismo

Otro mito frecuente es que “estropean el metabolismo” o que “lo dejan dormido”. La evidencia dice lo contrario: reducen inflamación, mejoran la sensibilidad a la insulina y disminuyen la grasa visceral. Cuando perdemos peso, nuestro organismo tiende a recuperarlo por mecanismos evolutivos de supervivencia. Para contrarrestar esa tendencia, necesitamos activar el cuerpo con ejercicio físico, especialmente fuerza y aeróbico, que elevan el gasto energético y preservan masa muscular.

Efecto rebote
El temido efecto rebote está en relación con la pérdida de peso, no es un efecto exclusivo de los análogos GLP-1

¿Hay efecto rebote?

Sí… si se retiran sin cambiar hábitos. No… si se acompañan de un estilo de vida cardiosaludable.

El rebote no es culpa del fármaco: es volver al estilo de vida previo. Cuando se combinan con actividad física regular, entrenamiento de fuerza, una dieta rica en fibra y proteína, sueño de calidad y reducción de alcohol y ultraprocesados, la pérdida de peso se mantiene y la salud metabólica mejora de forma sostenida.

Si alguien quiere evitar el rebote, la clave no es el miedo, sino la estrategia: movimiento, fuerza, alimentación estructurada y continuidad.

¿Son para toda la vida?

Depende del caso. En personas con diabetes tipo 2 o con obesidad de difícil control, puede ser necesario un tratamiento prolongado o incluso crónico. En otros pacientes, pueden retirarse tras consolidar hábitos y alcanzar un equilibrio metabólico estable.

No existe una respuesta universal. Hay que manejar cada caso.

¿Son seguros?

Los datos actuales (más de una década en algunos GLP‑1) son tranquilizadores. Como hemos dicho aunque se las conozca como las vacunas para perder peso no tienen efecto inmunológico como las vacunas. Los efectos secundarios más frecuentes son digestivos y suelen mejorar con el tiempo, especialmente con escalado de dosis progresivo.

Las vacunas para perder peso producen náuseas
Las náuseas son el efecto secundario principal y son una consecuencia natural de su mecanismo de acción

Conclusiones

Los GLP‑1 y los agonistas duales como tirzepatida no son “las vacunas para perder peso”.
Son fármacos hormonales que:

  • reducen peso, de forma efectiva y sostenida
  • mejoran la glucosa, porque reducen resistencia a insulina
  • reducen inflamación, porque tienen otros efectos al margen del metabólico
  • estabilizan placas, porque son antitrombóticos
  • protegen el corazón, porque actúan directamente a nivel de miocardio
  • protegen el riñón, porque enlentecen el empeoramiento del filtrado
  • reducen mortalidad, porque es consecuencia natural de lo anterior.

Estamos ante una revolución terapéutica que va mucho más allá de la estética.

Si has utilizado alguno de estos tratamientos o tienes dudas, déjalo en comentarios. Me encantará responderlos y tu experiencia puede ayudar a otros.

Si te ha gustado este artículo y no quieres perderte los próximos, así como otras novedades, puedes suscribirte aquí a mi lista de correo

Comparte este artículo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ya casi estamos...

Introduce tu nombre y correo electrónico para que pueda enviarte la guía gratis

PABLO GARCÍA GARCÍA es el Responsable del tratamiento de los datos personales del usuario y le informa de que estos datos se tratarán de conformidad con lo dispuesto en el Reglamento (UE) 2016/679, de 27 de abril (GDPR), y la Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre (LOPDGDD), por lo que se le facilita la siguiente información del tratamiento:
Fines y legitimación del tratamiento: suscripción al blog informativo (por consentimiento del interesado, art. 6.1.a GDPR).
Criterios de conservación de los datos: se conservarán durante no más tiempo del necesario para mantener la suscripción al blog.
Comunicación de los datos: no se comunicarán los datos a terceros, salvo obligación legal.
Derechos que asisten al usuario: derecho a retirar el consentimiento en cualquier momento. Derecho de acceso, rectificación, portabilidad y supresión de sus datos, y de limitación u oposición a su tratamiento. Derecho a presentar una reclamación ante la Autoridad de control (www.aepd.es) si considera que el tratamiento no se ajusta a la normativa vigente.
Datos de contacto para ejercer sus derechos: info@cardiodonbenito.com.

Hola, bienvenid@ ¿puedo ayudarte?

Descarga gratis mi guía para pacientes sobre síntomas y signos en Cardiología y resuelve las dudas más frecuentes que me suelen consultar.

PABLO GARCÍA GARCÍA es el Responsable del tratamiento de los datos personales del usuario y le informa de que estos datos se tratarán de conformidad con lo dispuesto en el Reglamento (UE) 2016/679, de 27 de abril (GDPR), y la Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre (LOPDGDD), por lo que se le facilita la siguiente información del tratamiento:
Fines y legitimación del tratamiento: suscripción al blog informativo (por consentimiento del interesado, art. 6.1.a GDPR).
Criterios de conservación de los datos: se conservarán durante no más tiempo del necesario para mantener la suscripción al blog.
Comunicación de los datos: no se comunicarán los datos a terceros, salvo obligación legal.
Derechos que asisten al usuario: derecho a retirar el consentimiento en cualquier momento. Derecho de acceso, rectificación, portabilidad y supresión de sus datos, y de limitación u oposición a su tratamiento. Derecho a presentar una reclamación ante la Autoridad de control (www.aepd.es) si considera que el tratamiento no se ajusta a la normativa vigente.
Datos de contacto para ejercer sus derechos: info@cardiodonbenito.com.