Cuidar nuestra alimentación es un poderoso aliado en cualquier nivel de prevención. Y por supuesto, la dieta después de un infarto también influye.
Si hay algo que me preguntan casi siempre es esto. Dígale usted ahora lo que debería comer, que a mí no me va a hacer caso. Es un clásico.
Podrá variar dependiendo de las características de cada paciente en particular. No obstante, voy a intentar dar unas pautas claras de como debería ser nuestra dieta.
Limitar el exceso de calorías
La restricción de calorías es un aspecto clave para estar en nuestro peso ideal y evitar el desarrollo de obesidad. No obstante, las dietas con importante reducción de calorías son difíciles de mantener y tienden a fracasar a medio-largo plazo.
La composición de la dieta influye, siendo superiores las dietas bajas en carbohidratos y de estilo mediterráneo, a las dietas bajas en grasas para mantener la pérdida de peso. Además cuando los macronutrientes que predominan en la dieta son los carbohidratos parece haber una menor pérdida de peso que cuando predominan las proteínas o las grasas.
Menores aportes de energía en la dieta tienen varios beneficios. Reducen la glucemia y la inflamación de nuestro aparato cardiovascular. Y aumentan la sensibilidad a la insulina, lo que hace que nuestro cuerpo utilice eficientemente la energía y no almacene exceso de grasa.
La dieta después de un infarto mejor si es variada y rica en productos frescos
La ingesta de frutas y verduras está inversamente relacionada con el riesgo cardiovascular. Su contenido en potasio, fibra, folatos y flavonoides, entre otros, parecen tener un efecto favorable.
Los cereales integrales son ricos en lignanos, fibra, ácidos grasos y otros fitonutrientes que son beneficiosos y se reducen significativamente cuando se muele el grano. Además favorecen la saciedad y elevan menos el azúcar en sangre que los cereales refinados.
El pescado, particularmente azul, es una fuente de ácidos grasos omega 3 que reducen arritmias, trombosis, inflamación, tensión arterial y mejoran nuestro perfil lipídico.

Las nueces y las legumbres aportan grasas insaturadas, fibra y otros micronutrientes. Tomar nueces 3 veces a la semana reduce apoB, colesterol total, triglicéridos y LDL colesterol.
Los lácteos tienen un efecto neutro o ligero sobre la enfermedad cardiovascular. Si bien los productos más fermentados por su contenido en probióticos podrían tener un papel beneficioso.
Qué pasa con las bebidas
Hablamos en otro artículo de que el consumo de alcohol tiene varios efectos negativos a nivel cardiovascular: hipertensión arterial, arritmias, ictus, etc. Puede ser que cuando evitemos consumir alcohol lo sustituyamos por refrescos con o sin gas.
Pues bien, el consumo de bebidas con azúcar aumenta proporcionalmente la posibilidad de enfermedades cardiovasculares. Se trata de auténticas “bombas glucémicas” que acaban formando depósitos de grasa en nuestro organismo y que también conducen a hipertensión arterial.

Sospechosos habituales como el café o el té han demostrado no sólo no ser perjudiciales, sino que con moderación reducen la inflamación sistémica y tienen cierto efecto cardioprotector.
Las bebidas energéticas para nada son cardiosaludables por su elevado aporte de azúcar. A pesar de ser una fuente de cafeína no tienen nada que ver con los anteriores pues no aportan otros elementos como lignanos, ácido clorogénico o flavonoles que están presentes en el café o el té.
Evitar en lo posible estos alimentos
Reducir al mínimo el consumo de carnes procesadas como son hamburguesas, salchichas, fiambres, etc. Junto con las carnes rojas elevan nuestro riesgo cardiovascular. Una dieta pobre en carbohidratos pero con alto contenido de proteínas y grasas de origen animal se relaciona con mayor mortalidad en supervivientes de infarto. Deberíamos sustituir en lo posible esta fuente de proteínas por otras como carne de pollo o pescado.
El alto contenido en sodio, la presencia de otros componentes como L-carnitina y nitratos puede conducir a elevación de la presión arterial, mayor estrés oxidativo, peroxidación de lípidos y alteraciones de la flora bacteriana intestinal.

Las patatas fritas se han relacionado también con un mayor riesgo de padecer diabetes, hipertensión arterial y enfermedad coronaria. Otros aperitivos y dulces procesados son también muy dañinos por su elevada concentración de azúcar y sodio.
Las grasas saturadas las que ejercen el efecto perjudicial, siendo los ácidos grasos mono y poli insaturados beneficiosos, como hemos comentado con los omega 3.
Factores que influyen en una mala dieta después de un infarto
En España y otros países de nuestro entorno reconocemos el valor de los productos frescos. Generalmente todos sabemos que a mayor procesamiento, presencia de granos refinados, azúcar y sal en los alimentos, peor para nuestra salud. Por tanto, la falta de conocimiento no parece ser una barrera importante en nuestro medio.
Vivimos en un entorno que favorece el consumo de alimentos procesados y de baja calidad nutricional. Posiblemente porque son los que están más disponibles en los supermercados. Tanto por número como por precio. Los alimentos de alto valor son más caros y menos accesibles.
Además del bolsillo, también es importante el tiempo. Menos tiempo para cocinar o idear nuestro menú hace que optemos por alternativas rápidas o comer fuera. Esto supone decantarnos otra vez por las opciones más pobres.

La palatabilidad es otro factor determinante. Desde nuestros ancestros nos sentimos atraídos por las comidas con sabores más intensos. Las grandes compañías lo aprovechan, añadiendo gran cantidad de sal y azúcares a sus platos procesados.
También utilizan como reclamo publicitario otras estrategias basadas en mejorar el aspecto de los alimentos ofertados. Se manipula su apariencia para que sean más atractivos. También se les añaden nombres en su etiquetado para hacerlos pasar por saludables.
Nuestras costumbres familiares son también muy importantes. Beber alcohol, el picoteo o el consumo de ciertos alimentos en detrimento de otros son hábitos que se transmiten generalmente de padres a hijos.
Y como conclusión
Si guardas buena comida en tu nevera, comerás buena comida.
Errick McAdams
Es decir, llena tu casa de alimentos saludables. Si te pirran los helados, las golosinas y las patatas fritas no los compres. Busca alternativas saludables (frutas, nueces, yogur natural, etc.).