¿Por qué decidí ser cardiólogo?

Habitualmente trato en este blog temas relacionados con mi especialidad que sean de interés para pacientes. En un lenguaje que pueda ser entendido por todos. Sin embargo, como este va a ser mi artículo número 50, he decidido celebrarlo con un artículo respondiendo por qué decidí ser cardiólogo.

Y no hay una única explicación. No me caí del caballo y tuve una iluminación como Pablo de Tarso. Tampoco fue por una tradición familiar.

Además, antes de ser cardiólogo te planteas ser médico. Cuando eliges esta profesión tienes 18 años y tampoco es que poseas una madurez impresionante.

Digamos que al final, como todo en la vida, hay una sucesión de acontecimientos y coincidencias que te llevan por un determinado camino.

En la historia de este artículo comparto motivaciones personales. En el resto del Blog están los artículos sobre enfermedades, la mayoría. Si te apetece saber y conocerme un poco más, te animo a leerlo. Si no te interesa para nada, lo entiendo.

Entonces… ¿Por qué decidí ser cardiólogo? Pues vamos a verlo.

De chaval me enseñan esta foto de mi futuro 25 años más tarde y no me lo creería, porque yo ni siquiera quería ser médico

El cuento chino de la vocación

Ni mis padres, ni ningún familiar cercano era médico. Pero quizás porque de niño me sonaría bien, cuando me preguntaban qué quería ser, yo decía que médico y futbolista. Y me respondían: pues como Pirri. Que por lo visto era un jugador del Real Madrid.

Así que de tanto decírmelo me hice del Barça y decidí que jamás sería médico. Las rebeldías de la niñez. Eso y que mi hermano mayor era del Real Madrid y había que llevar la contraria. El caso es que me gustaba mucho leer libros. Y entre ellos la colección aquella famosa de Érase una vez el cuerpo humano.

Me acuerdo, que era un coleccionable que ibas obteniendo semanalmente con el diario ABC. Un periódico infumable para mí por aquel entonces y también ahora, pero que comprábamos en casa por la colección. Además, era una serie de dibujos animados. No obstante, a parte de los dibujos, yo me empapaba cada semana el correspondiente librito. Y eran más de 50…

Aquella etapa de niñez debió prender en mí una especie de interés por la medicina, creo. No obstante, yo ya no decía a nadie que iba a ser médico. De hecho, durante mi adolescencia consideraba a los médicos un grupo de personas corporativistas y elitistas de las que yo no quería formar parte. Me dio por esa chuminada, supongo.

Por supuesto, el rollo filántropo de querer ayudar a los demás ni se me pasaba por la cabeza. Yo estaba a otras cosas. Sacaba mis cursos y mis buenas notas por simple orgullo personal y por competición.

En mi caso personal, al menos, no nací queriendo ser médico ni con una vocación de servicio a la comunidad. Además, creo que eso es educación recibida y forma de ser que se va forjando con el tiempo, no un instinto innato. Pero bueno, sigamos con la historia de por qué decidí ser cardiólogo.

Alguna gente idealiza ciertas profesiones, como vocacionales, pero en mi caso al menos, ha sido el producto de un cúmulo de circunstancias, no una motivación innata desde pequeño

Dilemas en bachillerato y carrera de medicina

Ya se me iba acabando el tiempo de escoger qué estudiar. Seguía empeñado en tener buen expediente con buenas notas, pero sin un claro objetivo. Al final, como buen animal social, decidí fijarme en lo que hacía el resto de la gente. De las personas que iban a mi clase, algunos estaban enfocados en la carrera de medicina.

Volví a examinar mis prejuicios hacia los médicos y a replantearme todo. Pensé otras carreras de la rama biosanitaria, como fisioterapia, y por otro lado ingenierías. Mi padre trabajaba de profesor en la facultad de Ciencias y eso quizá me influyó siempre a ir por la rama de Ciencias. Eso y que mis hermanos estaban en la rama de letras. Como siempre, yo a la contra.

Sin embargo, no lo tenía nada claro. Pero al final pensé que me podía gustar el arte y no los artistas. O que mis prejuicios absurdos sobre los médicos podían estar equivocados. En mi círculo, a todo el mundo le entusiasmaba la idea de que estudiase la carrera de medicina. Era una suerte de privilegio, así que casi me iba a sentir mal por no cogerlo.

Así que finalmente me decidí sin saber ni papa de lo que era la medicina, ni el MIR, ni las guardias, ni nada de nada. Un poco a ciegas, pero como reconciliándome con aquel niño médico y futbolista. Claro, porque el fútbol se me daba fatal. Era un paquete de los buenos.

Al final, no me dediqué al fútbol. Y menos mal, porque era bastante malo y creo que no habría podido compaginarlo con la medicina.

La carrera de medicina

Al final aquello no distaba mucho de lo que venía haciendo hasta entonces. Ibas a clase, te estudiabas unos libros un poco más grandes que antes, unos cuantos más de folios y luego hacías exámenes. Mi sensación era que lo mismo podía haber estudiado aquello que ingeniería aeronáutica. Me gustaba mucho estudiar mi carrera, pero eso no probaba nada, porque me gustaba, y me gusta, leer de casi cualquier cosa.

De hecho, veía a compañeros mucho más entusiasmados que yo. Algunos eran hijos de médicos. Otros, habían entrado con mucho esfuerzo a la facultad, con la nota raspada, y estaban muy agradecidos por aquel sueño. Para mí, seguía siendo una carrera de leer, estudiar y exámenes.

Quizá fui más consciente de dónde me había metido con las primeras prácticas en el hospital. Recuerdo que nos mandaron a la habitación de algunos pacientes a hacerles la historia. Que eso significa preguntarles cosas, qué hacen allí, qué les pasa, qué les duele, o qué se notan. Y ya con esa información, intentar averiguar qué tienen.

La verdad es que creo que vencí la típica timidez de la niñez muy pronto. Me gustaba hablar con gente desconocida y que me contasen su vida. Solo que normalmente lo hacía en la calle o cuando iba por ahí de fiesta. Aquí se trataba de pacientes. Pero en líneas generales era muy parecido. Si lograbas empatizar, la gente se abría mucho y obtenías mejor información.

Ese fue un plus que descubrí sobre la marcha. Me gustaba la parte de entrevistar a la gente y relacionarme con ellos, aún siendo auténticos desconocidos. Porque en ese contexto, además se mostraban tremendamente agradecidos. Aunque tú no tuvieses ni idea, como estudiante. Simplemente eran felices por tu interés y tu escucha.

Al final, una profesión que aúna por un lado, conocimientos teóricos, y por otro, tener buen trato con las personas. Dos cosas que me encantan.

¿Por qué decidí ser cardiólogo?

Como me pasó antes con la medicina, tampoco quería ser cardiólogo. Sin embargo, en mi curso, muchos querían ser cardiólogos. De hecho, es de las especialidades más demandadas. Yo me fijaba más en otras especialidades raritas, como la psiquiatría o la medicina forense. Sería por las películas, digo yo.

El caso es que ya preparando el examen MIR, al estudiar la materia de cardiología la redescubrí. Volví a derribar prejuicios contra la cardiología, como los tuve al inicio antes de coger medicina. Pensaba que, dentro de medicina, los cardiólogos eran unos soberbios que se jactaban de ser los más listillos.

Volví a darme cuenta de que este pensamiento era una gilipollez supina. Medité la decisión y creo que antes de hacer el examen ya lo tenía medio claro. Nuevamente, en mi círculo me decían lo mismo que cuando iba a ser médico. Cosas como: con el número que tú vas a sacar tienes que hacer cardiología. O bien como: si yo pudiera, la cogía sin dudarlo.

Una vez hecho el examen, pues fui a ver como eran los servicios de cardiología y a qué se dedicaban. Como mi padre se había hecho un cateterismo en esos meses, no hacía más que preguntar por la subespecialidad de hemodinámica, la que se dedica a este tipo de procedimientos. Puede que eso influyese, yo quiero pensar que ya tenía la decisión medio tomada.

No obstante, como yo creo que todos mis compañeros en cierto modo, cogí la especialidad bastante a ciegas. Es decir, que cuando verdaderamente te das cuenta de lo que va la especialidad, es cuando la estás cursando.

Pero no me arrepiento en absoluto. Como me pasó con la carrera, me encantó estudiarla, aprender los electrocardiogramas y ver corazones con un ultrasonido. Y si hubiese hecho endocrinología, por ejemplo, ¿también estaría encantado de la vida? Pues lo mismo también.

Entonces, a la pregunta: ¿por qué decidí ser cardiólogo? Pues se puede responder que un poco de chiripa y guiado por opiniones ajenas y circunstancias. Al final, me ha hecho feliz, pero eso lo he descubierto más adelante.

Al final, creo que una buena decisión. Tampoco es bueno analizarlo todo tan seriamente. Mejor siempre con buen humor.

¿Por qué creo que ha sido una buena decisión?

En primer lugar, porque es una especialidad completísima. Tiene muchas partes a las que puedes dedicarte, como imagen, hemodinámica, arritmias, insuficiencia cardíaca, miocardiopatías familiares, rehabilitación, cardiología deportiva, etc.

En segundo lugar, porque trata sobre las enfermedades más comunes, que son las cardiovasculares. Como dicen en mi casa, tarde o temprano esos pasarán por tus manos.

En tercer lugar, porque goza de un gran prestigio. Hay que ser honestos. Socialmente viste mucho ser cardiólogo. No sé muy bien por qué. Pero sí.

Y en cuarto, y último lugar, porque si hoy día, disfruto tanto con mi trabajo y con lo que hago, debe ser porque he acertado. Lo mismo si fuese programador trabajando para una multinacional, no estaría tan contento, o sí. Pero creo que estar motivado y con muchísimas ganas cada día que te levantas para ir a tu trabajo debe ser una buena señal.

Espero que haya quedado claro por qué decidí ser cardiólogo.

¿Qué os parece a vosotros? ¿Tomé una buena decisión, aunque fuese de rebote? Os espero en los comentarios

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24 respuestas

  1. Me gustan mucho tus artículos siempre y este en particular me ha encantado, yo quería ser médica de pequeña, al final acabé cómo contable, me sentí bien en mi trabajo que me parecía un horror en principio y me acabo de jubilar, pero me gusta leer sobre medicina cuando es comprensible para no profesionales cómo lo haces tú.

    Gracias

  2. Por supuesto q fue una decisión acertadísimo q celebraremos todos los q más tarde o más tarde o más temprano pasemos por tus manos. Enhorabuena

    1. Hola Tomás. Pues de momento no me va mal, no. Al final las profesiones son un tema de actitud, sobre todo. Salvo que uno quiera ser pívot de L.A Lakers que entonces por mucha actitud que le pongas, si mides 1,60 te va a ser difícil. Con respecto a lo de pasar por mis manos, espero que sea para prevención. Un saludo.

    1. Gracias Juanjo. El otro día me hicieron un comentario sobre esta página. Según me dijo, creía que su éxito radicaba sobre todo en que transmitía mucha trasparencia. Y creo que es justo eso, la gente está cansada de profesionales de sonrisa perfecta, encorbatados y con pantalla. Yo cuento aquí las cuatro verdades del barquero, con profesionalidad evidentemente, pero sin tomar el pelo. Yo también creo que fue una buena decisión. Un saludo.

  3. Desde pequeña tenía claro dos carreras pero, al no haber una de ellas en Andalucía, por las circunstancias familiares lo tuve claro. Pero podía haber escogido otra y haber descubierto otras opciones. Tan jóvenes no solemos tener muy claro la que queremos pero rápidamente lo descubrimos y eso es lo importante.

    1. Buenas noches Elisa. Totalmente de acuerdo con tu reflexión. Creo que hay que guiar un poco a los jóvenes, pero yo agradezco haber ido un poco a mi aire y haber cometido mis errores y mis aciertos. Gracias por comentar, como siempre.

  4. Es dificil encontrarse con articulos médicos con tanta información y tan didácticos, pero a la vez tan sencillos
    de leer por el humor y desenfado con que escribe, lo que nos proporciona una agradable lectura. Cuánto agradecimiento guardamos sus lectores asiduos.

  5. Siempre buenos artículos y este no iba a ser menos,tanta importancia tiene ser un buen profesional cómo empatizar con los pacientes y creo que en tu caso reúnes las dos condiciones.Saludos.

  6. Hola, Pablo. Coincido con otros comentarios en que se agradece leer este tipo de blogs, cargados de honestidad, información y sentido del humor. Parafraseándote, ¿por qué decidí seguir este blog y suscribirme a tu lista de correo? Pues no me acuerdo, la verdad (seguramente tuvo que ver con que leí algo que relacioné con mis taquicardias y mis sumiales), pero si te sigo leyendo y, además de aprender, me echo unos risas, es que tomé la decisión correcta. Un saludo.

    1. Pues mucha empatía, cercanía y adaptación del lenguaje es lo que más echo de menos en los sanitarios. Cualidades que te sobran a ti, por eso no eres un cardiologo «al uso». Los conocimientos y la experiencia siempre se pueden adquirir, pero la actitud frente a todo en la vida es lo que nos hace ser únicos.
      Un abrazo Pablo

      1. Te agradezco mucho estas palabras. Lo intento, aunque bueno, en descargo de mis compañeros y de mí mismo, que también tengo días flojos, influyen muchas cosas. Lo cansado que estés ese día, o lo inspirado, o lo que empatices con esa persona, etcétera.

  7. Como dicen en otro comentario es bueno leer este tipo de blog,sobre todo si se ha padecido un infarto como tuve yo.
    La gente me dice que si no me da miedo leer estas cosas,pero es justo lo contrario,me gusta estar informada de esta enfermedad.
    Muchísimas gracias.

    1. Buenas noches María Isabel. Pues yo tengo lectores que son unos grandes hipocondríacos y por la calle me hacen preguntas asustados sobre el artículo de la semana. Otra gente directamente no lo lee por miedo. Yo en el tono que escribo pretendo todo lo contrario a asustar. Comparto conocimiento que creo que puede ser interesante, y a los que lo han padecido, útil. Me alegro que a ti te resulte así. Gracias por comentar.

  8. Precioso artículo Pablo, siempre le digo a mis alumnos que persigan sus sueños porque disfrutar con el trabajo que uno hace es la mejor recompensa. Según cuentas, tú has llegado a él un poco por inercia, pero creo que con tú capacidad hubieras triunfado en otras muchas cosas.
    Qué suerte tienen tus pacientes de contar contigo, no pierdas nunca la ilusión.
    Un abrazo

    1. Gracias Raquel. Tus palabras me hacen especial ilusión, porque guardo gran recuerdo tuyo y del resto de mis profesores. Sin duda, una etapa fundamental para labrarte tu futuro y en la que vosotros tenéis una labor primordial. Un abrazo.

  9. Pues acertado artículo y acertada decisión.
    Aún recuerdo la primera vez que vistes a mi madre; y me dije:
    Y Daniel???? Uhhh….pero si un niño!!🤔🧐
    Pero un niño que supo conecta con su paciente desde el minuto cero,(mi madre ya tenía Alzheimer) mostrando la cercanía y el cariño que ellos necesitan.
    Fuistes amable, profesional y acertado el tiempo que ella estuvo en tus manos en TODO.
    Falleció hace cinco meses.💫
    Y hoy que tengo la oportunidad te doy las gracias por tu gran labor, no cambies nunca….y de equipo tampoco.😘

    1. Muchas gracias María José, por dejar este testimonio que es un gran halago para mí como profesional. Como en todos los trabajos hay sinsabores pero estos agradecimientos hacen que merezca la pena. Un saludo, lamento tu pérdida.

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