¿El coronavirus puede dañar el corazón?

Es un agente infeccioso que actúa sobre todo a nivel respiratorio. No obstante, el coronavirus puede dañar el corazón. De forma tanto directa como indirecta.

A esto le debemos añadir que las personas con problemas cardíacos son especialmente vulnerables a la infección por coronavirus.

Si a esto le añadimos los retrasos que está ocasionando en la asistencia de pacientes crónicos, el coronavirus puede dañar el corazón por esta vía.

Otros efectos colaterales son los económicos y sociales, que causan trastornos del estado de ánimo. La depresión y la ansiedad pueden empeorar el curso de enfermedades cardiovasculares.

Finalmente, se ha hablado en los medios de las secuelas que se engloban bajo el concepto de COVID tardío.

Todos estos elementos hacen de la pandemia por COVID un peligroso enemigo de la salud cardiovascular. Así que se viene artículo de COVID. Todavía no había dado la vara mucho en el blog con el tema.

Pero la actualidad manda.  

El SARS-CoV-2 ha cambiado nuestras vidas completamente. Por eso su repercusión sobre la salud cardiovascular trasciende lo biológico, aunque me voy a centrar en este aspecto

El coronavirus puede dañar el corazón de forma directa

Pero para entender eso, primero tenemos que entender como funciona un virus. Y los virus consiguen infectar al ser humano porque poseen las llaves adecuadas para entrar. Van envueltos en una cápsula recubierta de llaves. Llaves cuyas cerraduras están en las células del cuerpo humano.

Si sus llaves abren cerraduras de células del hígado, tenemos los virus de las hepatitis. Si abren células del intestino, tenemos los virus de las gastroenteritis. Y si abren células del cerebro tenemos virus de las meningitis, por ejemplo. En el caso del SARS-CoV-2, este virus tiende a abrir células de los pulmones. Por eso causa neumonías.

El problema está en que estos cerrojos que abre el virus no solamente están en los pulmones. Sino que se encuentran en más órganos, como el hígado, los riñones y sí, el corazón. Cuando el virus entra en las células de estos órganos solamente se dedica a una cosa, reproducirse. Una vez se ha fotocopiado varios millones de veces la célula que le ha servido de huésped se muere.

A esto es a lo que se llama daño directo del virus. En el corazón el virus causa una miocarditis, que es la infección de las células cardíacas. Que a medida que se infectan se dañan irreversiblemente y mueren. Por eso al morir células cardíacas muchos pacientes tienen elevadas troponinas que podemos medir en sangre. Y podemos medir esta inflamación en el corazón hasta en un 80% de pacientes por resonancia cardíaca.

El corazón comparte con el pulmón las cerraduras por las que el virus entra. Por eso igual que causa neumonía puede dañar el corazón (miocarditis)

El coronavirus puede dañar el corazón de forma indirecta

Pero el organismo no se queda parado viendo como le okupan células y le hacen polvo. Manda a su sistema inmunitario a defenderlo. Este sistema defensivo mata células cardíacas cuando detecta que están infectadas por el virus. Así evita que se siga multiplicando. Y va atacando virus y retirándolos. Del mismo modo también recoge los restos de células propias.

Pero en mitad de esta batalla, como en todas, siempre hay daño colateral. El propio sistema inmune daña sus propias células intentando acabar con el virus. Y por si fuera poco se desequilibra el sistema que regula la coagulación sanguínea. Ciertos virus lo desequilibran hacia la hemorragia, como el virus del Dengue y otros virus hemorrágicos. En el caso del SARS-CoV-2 el desequilibrio es hacia la trombosis.

Es decir, que la sangre tiende más a formar agregados. Estos trombos en miniatura atascan los vasos y producen más daño sobreañadido. Además, las paredes de los vasos sanguíneos se vuelven más ásperas al paso de la sangre y favorecen el tráfico lento. Todo esto conlleva más riesgo de trombosis. Es por eso, por lo que se han visto tantos casos de trombosis en personas infectadas.

Con todos estos efectos, que no son propios del virus, sino más bien de la respuesta de nuestro sistema inmune contra él, también se daña el corazón. Es como si para acabar con un enemigo escondido en un piso se derribase el bloque de pisos entero. De esta forma el coronavirus puede dañar el corazón de forma indirecta.

En todas las guerras hay daños colaterales, de los edificios, las carreteras, el abastecimiento, etc. que pueden causar tanto o más daño que el propio enemigo

Afectación de otros órganos

Lo primero y más evidente es el daño pulmonar. Si se dañan los pulmones la sangre lleva menos oxígeno. La falta de oxígeno en sangre es muchas veces el desencadenante de arritmias. También puede sobrecargar el corazón provocando que se descompense una insuficiencia cardíaca.

Al dañar los vasos sanguíneos y producir trombos puede provocar infartos, tanto a nivel de las coronarias como en las arterias pulmonares, que son los tromboembolismos pulmonares.

Por otro lado, el daño en los vasos sanguíneos y en los riñones elevan la presión arterial. Esta sobrecarga de presión también fatiga al corazón y le puede provocar descompensaciones. Por este motivo las personas con hipertensión y con historia de insuficiencia cardíaca son tan vulnerables a la infección por coronavirus.

En definitiva, cuando una persona tiene una infección grave esto repercute negativamente en casi todos los órganos y también en su aparato cardiovascular. Propicia mayor riesgo de arritmias malignas, insuficiencia cardíaca, infartos, etc.

Y la afectación cardíaca parece independiente de la gravedad. Se ha visto como en deportistas jóvenes, con buena salud, que habían pasado cuadros leves, existía afectación cardíaca. Incluso en algunos pocos casos, al haber dejado cicatrices en el corazón se han desencadenado arritmias con el ejercicio. Inclusive con muerte súbita.

La falta de oxígeno por daño de un órgano ajeno al corazón, indirectamente provoca trastornos cardíacos

¿Entonces si he pasado la infección mi corazón está dañado?

No es tan sencillo. Todo dependerá de con cuantas ganas se haya fijado el virus a nuestro miocardio. Si nuestro sistema inmune se ha cepillado al coronavirus en poco tiempo y no le ha dado tiempo a infectar muchas células cardíacas lo más probable es que este daño sea indetectable. Igual que sucede con otros virus.

En el caso de que haya provocado una miocarditis, con sus síntomas de dolor en el pecho y elevación de troponinas en la sangre, lo más probable es que siga un curso benigno. En las miocarditis se ven cicatrices en el corazón cuando usamos resonancia cardíaca y si son muy extensas pueden causar complicaciones.

Pero debe haber un gran estropicio en el corazón para que se queden secuelas permanentes. Esto es infrecuente. La mayoría de miocarditis siguen un curso benigno. No obstante, al ser tantos los millones de infectados a nivel mundial, se ven también más casos graves.

En resumen, las personas que pasen la enfermedad, en su mayoría, estarán libres de síntomas cardíacos.

Aunque podamos leer mucho en internet lo cierto es que la mayoría de casos van a cursar sin secuelas para nuestro corazón

Síntomas cardíacos durante la convalecencia

Muchas personas están consultando en la convalecencia de la infección porque se fatigan con los esfuerzos. También son frecuentes los dolores en el pecho, como pinchazos. Y la sensación de ritmo cardíaco acelerado con mínimos esfuerzos, pero también en reposo.

Antes de pensar que nuestro corazón o pulmones han quedado dañados de forma irreversible hay que entender varias cosas:

En primer lugar, durante la infección es frecuente guardar reposo, muchas veces en cama y otras sin salir de casa, confinado. Esto provoca un desacondicionamiento físico. Es decir, el cuerpo se acostumbra al reposo prolongado y al reiniciar la actividad física estamos agotados. Entonces es frecuente que aparezca la falta de aire, las palpitaciones e incluso dolor en el pecho.

En segundo lugar, nuestro aparato respiratorio queda inflamado un tiempo y esto tarda en recuperarse unas semanas, dependiendo del daño y de las características individuales. A medida que la inflamación va bajando los pulmones van realizando mejor su función. No obstante, puede ser que efectivamente quede cierto grado de afectación pulmonar residual.

En tercer lugar, y no menos importante. El estrés psicológico que sufren muchas personas por el miedo, el confinamiento, la posibilidad de haber contagiado a otros familiares, a parte de otra serie de factores también influyen negativamente en la recuperación. El estado de ánimo se puede resentir y repercutir negativamente en nuestro estado físico.

Por todo lo anterior, hay que ser cautos con la información. En principio una persona que haya pasado un cuadro leve a moderado, pero con un confinamiento prolongado con poca actividad física, puede quedar muy limitado físicamente en los siguientes 2-3 meses.

Es por ello fundamental que se haga hincapié en la rehabilitación. Según los casos requerirá empezar primero por paseos cortos, para posteriormente ir logrando un mayor grado de actividad física.

También habrá que prestar atención al estado anímico. Ya que muchas personas es posible que precisen durante un tiempo medicación para controlar síntomas derivados de la ansiedad. Por ejemplo, trastornos del sueño, sensación de falta de aire brusca que surge en reposo, intranquilidad, irritabilidad, etc.

El estrés y la ansiedad pueden favorecer la aparición de síntomas o agravarlos durante la infección y en la convalecencia

En conclusión

El coronavirus puede dañar el corazón de forma directa e indirecta.

Esto suele ser independiente de la gravedad, es decir, en cuadros leves se ha descrito también daño cardíaco.

Para sospechar este daño hay que guiarse por pruebas de laboratorio como las troponinas, de imagen como la resonancia, y fundamentalmente porque haya síntomas cardíacos.

En la mayoría de casos, no tiene por qué haber secuelas a nivel cardiológico, como no las hay tampoco con otros tipos de virus que causan miocarditis.

Durante la convalecencia pueden aparecer síntomas confusos que no siempre tienen relación con problemas cardíacos y que causan gran temor y ansiedad al que los padece.

Para la recuperación será muy importante la rehabilitación y trabajar el estado de ánimo.

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6 respuestas

  1. Aunque pienso que no estoy implicado en el caso presente, aunque si persona de riesgo por varios conceptos, quiero darle mis felicitaciones por lo claro i conciso de sus explicaciones y el estilo coloquial de sus artículos, que sigo con todo interés. Gracias y adelante.

    1. Gracias José por comentar.
      Me apetecía escribir sobre este tema porque tengo mucha demanda en las consultas por este tipo de síntomas.
      Y creo que si la gente lo lee les puede calmar bastante su ansiedad.

  2. Dr. , una pregunta relacionada con las alergias:
    En septiembre 2019 mediante operación extracorpórea me cambiaron la válvula aórtica (biológica) y me pusieron un stent en una coronaria. El resultado ha sido magnifico.
    Siempre he sido alérgico a la “primavera” (graminias, coníferas…) este año estoy atravesando ya un proceso de cogestión nasal y de ojos (lagrimeo, moqueo -agua- nasal, estornudos…) bastante incómodo. Me he hecho, por precaución, test de antígenos y el resultado es negativo.
    Puedo tomar algún antiestanímico o medicamento compatible con los que ya tomo para el corazón (bisoprolol, adiro, atozet, tamsulosina)? Es aconsejable las soluciones de agua marina nasales?
    Gracias y un abrazo

    1. Hola Pedro. Como yo también soy bastante alérgico te cuento mi propia experiencia. Los lavados nasales son útiles si tienes mucho moco. Pero si predomina el picor y los estornudos debes tomar un antihistamínico. La ebastina o la desloratadina por lo general son seguras, salvo en ciertas personas con problemas arrítmicos o que toman fármacos que prolongan el intervalo QT, que no es tu caso.

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