En alguna ocasión habrás considerado la posibilidad de realizarte un chequeo cardiológico. Es decir, estás preocupado por tu salud cardiovascular, generalmente porque tienes un antecedente en la familia.
Otras veces nos planteamos realizarnos un chequeo cuando alcanzamos una determinada edad, por ejemplo, a partir de los cuarenta o cincuenta años.
Incluso he tenido en la consulta personas que han venido a “chequearse” porque en su entorno ha habido una epidemia de muertes cardiovasculares y están acojonados.
Otro grupo que demanda este tipo de valoración son los que practican deporte regularmente. De cualquier forma, los motivos son variados, pero ¿quién de verdad necesita este tipo de chequeos?
¿Sirven realmente para algo? ¿Podemos prevenir realmente? ¿En qué consisten? ¿Son para sacar perras?
Pues vente a descubrirlo en mi siguiente artículo.

¿A qué se le llama chequeo cardiológico?
La verdad es que empezando por el mismo concepto de chequeo ya vamos mal. Deberíamos emplear términos del castellano como examen cardiológico o comprobación, ya que este término procede del inglés “check”.
Me acuerdo de un BMW, que fue el primero de los coches que conduje que en un panel debajo del retrovisor tenía varios avisos. Cuando se encendía la luz del “check” podías darte por jodido.
Al final, cuando nos referimos a un chequeo estamos hablando de una consulta de cardiología normal, pero que se dirige a un paciente teóricamente sano.
Algo así como cuando llevas el coche a la revisión. No tiene que haber algo necesariamente mal pero el paciente piensa que puede tenerlo por equis motivos antes mencionados y quiere acabar con esa incertidumbre.
Estas comprobaciones serán más o menos extensas en función de dos factores:
- El paciente, que contará o no una serie de detalles sobre sus antecedentes y que generalmente no tendrá síntomas. Más bien acude por miedos o dudas sobre su salud.
- El médico, que en función de su pericia y su malicia, asesorará mejor o peor al paciente sobre qué pruebas merece la pena que se realice y dónde detener el estudio.

¿Qué incluye?
Idealmente, se realizará una entrevista y una exploración física para valorar si hay algún indicio de patología y en ese caso proceder a las pruebas necesarias. En esta entrevista es una parte fundamental valorar el riesgo cardiovascular de esa persona. Este concepto lo explicamos en un artículo previo.
Lo ideal es que tengamos una analítica para valorar algunos parámetros básicos de la sangre, además de colesterol, glucemia, ácido úrico, hormonas tiroideas, etcétera.
El electrocardiograma nos permitirá ver el ritmo cardíaco del paciente y el ecocardiograma saber si tiene alguna cardiopatía estructural (las diferencias entre ambos las vimos en este otro artículo que te recomiendo y que además es de los más buscados en Google).
A partir de aquí, que suele ser lo básico en una consulta de cardiología, vienen los extras. Pruebas adicionales como un Holter ECG de 24 horas, una prueba de esfuerzo o un angioTC coronario no deberían ser pruebas de rutina en un chequeo cardiológico. A no ser que estén indicadas por algún motivo de peso.
Pero en ningún caso deberíamos hacer una batida completa, modo escopeta de perdigones por si cae algún palomo. Se debería ser cuidadoso en la prescripción de pruebas.

¿Por qué el chequeo cardiológico puede ser un arma de doble filo?
Para entender mejor este punto te recomiendo artículos anteriores como por ejemplo estos dos:
¿Por qué no deberías ir a la privada?
¿Por qué algunas compañías no son rentables?
No obstante, seré breve ya que básicamente quiero que se entienda con este artículo algo que muchas personas creen de forma errónea:
- Más pruebas no significan mejor servicio. El médico puede estar motivado a pedirlas por cuestiones económicas ya que la clínica factura más. Puede que sea un miedoso o quiera cubrirse en salud solicitando exámenes por doquier, lo cual no le convierte en mejor profesional.
- La pericia del cardiólogo es inversamente proporcional al número de pruebas que necesita. Si para un proceso banal se opta por pedir un protocolo de pruebas en lugar de una conversación en la que demos información y seguridad vamos mal.
- Una prueba siempre implica un riesgo. Sí, a pesar de que nos parezca inofensiva. El riesgo de resultados difíciles de interpretar, de necesitar más pruebas, de tratamientos innecesarios, de incertidumbres y ansiedad. Incluso en algunos casos riesgos reales, sobre todo si son pruebas con radiaciones o invasivas.

Una historia (de muchas) sobre chequeos cardiológicos
El otro día un paciente me contaba orgulloso que, tras revisarse durante años por distintos cardiólogos, la última que había visitado le salvó la vida. Curioso como siempre, le pregunté por qué.
Era un señor de mediana edad, hasta hace pocos años fumador, con tratamiento para la tensión y para el colesterol. Además, en su electrocardiograma aparecían unas extrasístoles (también puedes leer sobre ellas AQUÍ). Se había revisado años en Madrid con numerosas pruebas que le repetían cada seis meses: Holter de arritmias, analítica y ecocardiograma.
También le había caído alguna prueba de esfuerzo y algún Holter de tensión. Tras una de esas ergometrías sin el paciente tener ningún síntoma ni presentar otro atisbo de patología se solicita un angioTC coronario para ver las arterias del corazón.
Al tener calcificaciones y no quedar claro si las arterias estaban estrechas o no, se le hace una coronariografía diagnóstica. Y a ese paciente se le plantan varios stents en algunas lesiones (aquí en CuídatePlus hablo sobre los stents). Estaba contento porque entendía que se le había evitado un infarto.
Algunos leerán esto y les parecerá la joya de la medicina preventiva. Resumiendo, ese paciente se trató enfermedad aterosclerótica que no le daba síntomas y que probablemente llevando un adecuado control de sus factores de riesgo no le iba a dar problemas.
Lo mejor de todo (o lo único salvable del caso) es que no ha sufrido complicaciones derivadas de los intervencionismos, del contraste radiológico ni de los tratamientos que tenía que seguir aparejados a esos stents. Pero este es un ejemplo de muchos de lo que no se debe hacer en medicina en general y en cardiología en particular.

¿Cómo debe realizarse un chequeo cardiológico?
- Debemos informarnos bien de los hábitos de nuestro paciente. Corregir sus hábitos evitará que desarrolle factores de riesgo como hipertensión o diabetes. Asesorarle en ese campo es tremendamente valioso y a menudo infravalorado en consultas de cardiología. Esa es la auténtica prevención.
- Tenemos que preguntarle sobre su árbol genealógico para detectar posibles enfermedades hereditarias tales como canalopatías, miocardiopatías o riesgo más elevado de desarrollar trombosis por coagulopatías.
- No alarmar sobre los primeros hallazgos que obtengamos de su electrocardiograma o su ecocardiograma, si estos no son normales. Muchas veces, sobre todo en pacientes sin síntomas, tendemos a darles demasiada importancia a alteraciones que puede que convivan con el paciente sin producirle ninguna merma de su calidad de vida. Cautela.
- Si optamos por completar el estudio, que sea basado en sospechas diagnósticas medianamente fundamentadas. Hay que huir de una medicina defensiva o del miedo a que el paciente busque una segunda opinión. Si damos al paciente la opción de tomar elecciones conscientes nunca nos arrepentiremos.

Entonces chequeos cardiológicos ¿sí o no?
Si te preocupa un síntoma, aunque sea banal, confía en tu médico, pregunta e infórmate. Sobre todo, si esos síntomas se hacen cada vez más frecuentes o intensos y mucho más si impactan en tu calidad de vida.
Cuando tenemos antecedentes en la familia, antes de ir al cardiólogo es bueno repasar algunas cosas:
- ¿Sabemos bien qué tipo de patologías tuvieron estos familiares? Lo ideal sería obtener una copia del informe con los procesos de esa persona, o bien ser lo más exacto posible. No es lo mismo un abuelo con infarto a los 80 que una prima con desfibrilador por síncopes de repetición a los 33.
- ¿Qué grado de parentesco hay? El grado de consanguinidad es importante. Son más potentes los vínculos con padres y hermanos que con tíos paternos o primos.
- ¿A qué edad tuvieron problemas cardíacos? Un infarto en un familiar es relevante en varones menores de 55 años o en mujeres menores de 65 años.
- Por regla general, la mayoría de las enfermedades cardiológicas son degenerativas, es decir, por envejecimiento. Muchas veces se va a consulta porque tenemos familiares que tienen marcapasos, enfermedades de las válvulas, obstrucciones en las coronarias… Nos llamará la atención si les afectaron muy jóvenes y además hay más afectados en esa rama de la familia. Si no es así, recordad que lo más normal del mundo es tener un familiar con enfermedad del corazón, ya que son la primera causa de enfermedad mortal en países desarrollados.
Por tanto, chequeos cardiológicos sí en las siguientes situaciones:
- Antecedentes claros de cardiopatías que pueden ser hereditarias ya que ahí se recomienda la valoración de personas sanas, aunque no hayan manifestado síntomas
- Personas que tienen algún síntoma que probablemente es banal, pero que por la ansiedad y la incertidumbre que produce, va a ser efectivo resolver la duda yendo al cardiólogo, como por ejemplo vuelcos, posible soplo, palpitación, fatiga inexplicada…
- Cuando realizamos ejercicio físico con asiduidad y tenemos factores de riesgo cardiovascular, dudosos síntomas durante la actividad, o edad por encima de los 40-45 años
Si estás planteándote chequeo cardiológico es bueno que sepas todo esto. Y si te suenan alguna de estas situaciones o tienes alguna duda cuéntamelo en los comentarios.
También te animo a que le compartas este artículo a tu amigo el hipocondríaco y a tu compañero de trabajo con antecedentes familiares de cardiopatía que está queriendo hacerse un chequeo cardiológico.