¿Vacunas para el colesterol?

Algunos las han bautizado así, porque son inyectables, pero no son vacunas para el colesterol propiamente dichas. Se trata de medicamentos que se administran semanal o mensualmente para reducir de forma intensa los niveles de colesterol.

Concretamente reducen mucho los niveles de colesterol LDL, el colesterol unido a lipoproteínas de baja densidad, que popularmente se conoce como malo.

Son fármacos que se comercializaron hace ya varios años, viendo la luz en 2015. Sin embargo, a pesar de su potencia para bajar el colesterol y de que sabemos que muchos de nuestros pacientes no están bien controlados, su prescripción sigue siendo baja.

¿Cómo funcionan estos medicamentos? ¿Deberían usarlos más pacientes? ¿Cuáles son las barreras para su utilización? ¿Son más eficaces que las pastillas? ¿Tienen más efectos secundarios?

Se viene artículo sobre pinchazos para bajar el colesterol.

¿Pinchazos para bajar el colesterol? Pues sí, la próxima revolución farmacéutica pasa por tratamientos inyectables, administrados semanal o mensualmente, que acabarán sustituyendo a las pastillas diarias

Objetivo: bajar el riesgo cardiovascular

Como ya vimos en un capítulo previo, el riesgo cardiovascular de cada persona depende de muchos factores. Algunos no se pueden modificar, como el sexo (bueno, este parece que sí), la edad, la genética, el desarrollo fetal, etc. Otros podemos cambiarlos como son nuestra dieta, el ejercicio que hacemos, si fumamos, si controlamos la tensión o nuestro peso corporal.

Uno de los principales factores de riesgo clásicos es la dislipemia, que es la alteración de la grasa que circula por nuestra sangre. Tanto de su cantidad, como de su calidad. Si nuestros vasos sanguíneos van rebosantes de colesterol, a eso se le llama hipercolesterolemia. Siendo uno de los factores de riesgo más investigados.

A medida que nuestros factores de riesgo aumentan, o están peor controlados, más boletos tenemos para la rifa de los infartos, los ictus, la enfermedad arterial periférica o la insuficiencia cardíaca.

El riesgo cardiovascular, como vimos, funciona de forma parecida a la lotería. A medida que adquirimos boletos tenemos más probabilidad de que nos toque.

Por tanto, una de las medidas para bajar el riesgo cardiovascular es usar fármacos para reducir la presión arterial o los niveles de colesterol en sangre. Y de bajar colesterol va la cosa en este artículo, porque es lo que hacen las mal llamadas vacunas para el colesterol.

El santo grial del colesterol LDL

Ya vimos en otro capítulo que el colesterol se pega a nuestras arterias y produce la arteriosclerosis. Sobre todo, cuando hay un exceso de LDL y un defecto de HDL (el llamado colesterol bueno). No obstante, esto es una visión muy reduccionista de todo.

Sin embargo, es muy cómodo reducirlo todo a un número mágico, la cifra de LDL, cuando sabemos que, el colesterol LDL en sí, no es malo. Se sabe que el colesterol LDL es particularmente malo cuando hay unas condiciones meteorológicas adversas, por decirlo así, que favorecen que precipite sobre nuestras paredes arteriales, haciéndose especialmente pegajoso.

Estas condiciones hacen que el LDL se haga más pequeño y denso, se oxide y sea capaz de penetrar la pared de los vasos sanguíneos, formando vetas de grasa. Además, hace falta que esa pared se inflame y enlentezca el tráfico. Las condiciones que favorecen esto son el tabaquismo, la diabetes, la obesidad, el déficit de sueño y muy importante, el sedentarismo.

Reducirlo casi todo al LDL, al valor numérico, roza a veces el ridículo. Un esperpento basado en resumir todo un proceso complejísimo a una sola cifra o parámetro de la analítica.

Por ejemplo, una persona que fume, no haga nada de ejercicio y tenga una dieta a base de freír congelados, pero que por otro lado tenga un LDL muy bajo porque toma una estatina (pongamos 50 mg/dl), tendrá un riesgo cardiovascular más alto que la misma persona activa físicamente, con dieta variada, sin fumar y con un LDL tres veces superior (pongamos 150 mg/dl).

El LDL colesterol centra demasiado nuestra atención a la hora de valorar el riesgo cardiovascular. En medicina siempre estamos a la búsqueda de un santo grial que nos simplifique todo

Medicamentos para bajar el colesterol

A estos fármacos los llamamos finamente hipolipemiantes. Incluyen a las estatinas, que son los más utilizados y de los que ya hablamos previamente. Pero también la ezetimiba, los fibratos, las resinas, el ácido bempedoico, iPCSK9, etcétera.

Hay medidas no farmacológicas para bajar el colesterol, como la dieta, el ejercicio, reducir el alcohol, no fumar. También se puede bajar las grasas de la sangre con una especie de máquina depuradora de la sangre, lo que se conoce como plasmaféresis.

Estos medicamentos se usan en pacientes de riesgo elevado porque se ha comprobado que reducen el riesgo de padecer infartos u otras complicaciones cardiovasculares. Y este riesgo parece bajar a medida que son más potentes, o sea, a medida que bajan más los niveles de LDL colesterol. Y también son más efectivos cuando se usan en personas con más riesgo.

Las poblaciones que tienen más riesgo son sobre todo aquellas compuestas por los supervivientes de un ictus o un infarto. Les siguen muy de cerca las personas con insuficiencia renal avanzada y diabetes de más de diez años de evolución.

Un lugar especial dentro de ese grupo lo ocupan los pacientes que genéticamente sufren colesterol elevado desde edades tempranas, como son las personas con hipercolesterolemias familiares.

En un nivel de riesgo más intermedio estarían personas que todavía no tienen daños de este tipo, pero ya tienen factores de riesgo, como sedentarismo, obesidad, hipertensión, colesterol alto, son fumadores o tienen antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular a edades tempranas.

A cada nivel de riesgo le corresponde un medicamento para bajar el colesterol más potente. Porque los que están en los niveles más altos de riesgo se benefician de bajadas más fuertes de su colesterol LDL. Estos últimos se van a beneficiar de las mal denominadas vacunas para el colesterol.

Se usan combinaciones de medicamentos para bajar el colesterol por debajo de unos niveles, que son más exigentes en función del riesgo cardiovascular de la persona.

¿Cuáles son las vacunas para el colesterol?

Su nombre verdadero es iPCSK9, que suena difícil, pero es más fácil que decir inhibidores de la proproteína convertasa subtilisina/kexina de tipo 9. Lo que hacen es reducir el funcionamiento de esa proteína. ¿Y cómo baja eso el colesterol?

Porque esa proteína se encarga de regular el número de receptores que tiene el hígado para captar LDL de la sangre. Si esa proteína trabaja menos, hay más receptores de LDL en el hígado. Como hay más receptores más partículas del malvado LDL se pegan a ellos y son recogidas de la circulación.

Su principal ventaja es que son muy potentes, consiguen reducciones del 50% de los niveles de colesterol LDL administrados solos, y del 85% cuando se combinan con otros hipolipemiantes. Eso los hace de elección en personas que necesitan, por su nivel de riesgo, reducciones muy drásticas de colesterol LDL.

Otra ventaja, es que son muy seguros. No tienen efectos secundarios reseñables, ya que durante los estudios se producían las mismas reacciones adversas en los pacientes con iPCSK9 que las que se presentaban en los pacientes con placebo. Esto los hace una alternativa en personas que no toleran otros hipolipemiantes, como las estatinas, porque les provocan dolores o rotura de fibras musculares.

Al inactivar esta proteína, aumentan los receptores LDL y su actividad permanece bastante tiempo, por lo que se administran cada 2-4 semanas. Al ser pinchados, pueden producir una pequeña reacción cutánea, pero raramente esto provoca la retirada del tratamiento.

¿Cuál es la pega? Pues el precio. Un mes de tratamiento con iPCSK9 es por lo menos 10 veces más caro que el tratamiento hipolipemiante convencional con estatinas y ezetimiba. De ahí que la administración, cuyos recursos no son infinitos haya impuesto restricciones para su prescripción.

El precio suele ser la principal barrera para que un tratamiento se ponga al servicio de la población que lo necesita

¿Quiénes deberían recibir tratamiento con iPCSK9?

Pues fundamentalmente tres grupos de pacientes:

  • Aquellos que necesitan reducciones muy fuertes de colesterol LDL y no las alcanzan con los hipolipemiantes convencionales. Como son por ejemplo los supervivientes de infartos u otras personas con elevado riesgo cardiovascular. Habría que revisar lo primero si los están tomando. Lo segundo, si trabajan otras alternativas para mejorar su colesterol, como el ejercicio y la dieta.
  • El segundo grupo serían las personas afectadas de trastornos genéticos que les elevan mucho sus niveles de colesterol. Su riesgo cardiovascular es muy alto, porque el colesterol lo tienen alto desde edades muy tempranas, al ser un trastorno de nacimiento. Además, al tener niveles tan altos, es difícil bajar su colesterol LDL lo suficiente con los tratamientos convencionales.
  • El tercer grupo lo componen personas que no alcanzan el control de sus niveles de LDL porque no toleran los tratamientos hipolipemiantes, porque les producen efectos secundarios. Eso hace que solamente puedan tomar dosis reducidas, necesitando para llegar a objetivos usar estas terapias más intensas, que están libres de los efectos indeseables.

En líneas generales se estima que la mitad de los pacientes no están en objetivos. Y estos tratamientos tienen todavía una escasa prescripción, por su coste.

Las personas con mutaciones genéticas que elevan mucho sus niveles de colesterol desde que nacen son las que se benefician más de estas vacunas para el colesterol

Problemas por resolver

Es probable que aparezcan alternativas y que estos tratamientos acaben democratizándose más. Eso haría el coste un mal menor ante la aparición de nuevas vacunas para el colesterol con formas de actuar diferentes que podrían combinarse.

Otra cuestión es identificar precozmente a personas jóvenes con hipercolesterolemia familiar. El primer síntoma puede ser un infarto. Por eso es importante la detección temprana, haciendo estudios familiares para poner tratamiento intensivo cuanto antes.

La mala adherencia terapéutica es culpable de que muchos pacientes estén mal controlados, porque no se toman sus pastillas para el colesterol. ¿Justifica su incumplimiento gastar dinero en terapias más potentes?

La prevención con medidas no farmacológicas debe ser la medida principal. O sea, la dieta y el ejercicio de toda la vida. Invertir en educación para la salud, siempre será más efectivo y barato que tener que utilizar tratamientos caros para bajar el colesterol.

El LDL no lo es todo. Es solamente una parte del puzzle. Estos tratamientos son efectivos, creemos que porque bajan LDL. Pero seguramente serán ineficientes si el resto de los parámetros no están bien controlados. Hay que ver más allá del LDL, que solo es un número. Los pacientes no son números.

En fin, ¿sabes cuál es tu nivel de riesgo? ¿sabes tu nivel de colesterol? ¿sabes si estás en rango? ¿habías oído hablar de estas vacunas para el colesterol? Te espero en los comentarios.

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